El día tres, mi día favorito tenía que comentar el libro que marcó un antes y un después en mi corta pero intensa vida: Beatriz y los Cuerpos Celestes. Como breve introducción, que seguramente os importe tres pepinos, es que cuando lo leí, este mes hace un año (sí, por desgracia descubrí a Lucía un poco tarde) lo hice mientras intentaba superar una relación sentimental que se había acabado hacía seis meses. No lo conseguía, y tampoco quiero decir que este libro haga milagros -de hecho creo que ningún libro puede hacer milagros de este tipo- pero sí que afirmo que me marcó y me ayudó. Cuando leí la última frase del libro, más significativa imposible “Pero una palabra suya bastará para sanarme”, me dí cuenta que, aunque no superado, mi sufrimiento no volvería a ser igual. De hecho no lo fue y pude, poco a poco, volver a vivir mi vida al margen de una relación sentimental rota sin ningún futuro. Por ello este libro es TAN especial. Además, cuando lo leía (y esto me pasa como a la protagonista -2ª cita) era como si me estuviera leyendo la mente. El libro tuvo la facilidad, el encanto, llámese como se quiera, de sacarme las palabras de la cabeza, transformarlas en algo bonito y dulce e impactante y dejarme KO ante ellas. Nunca antes me había pasado. Nunca antes un libro me había sanado.
La historia del libro es simple: tres mujeres, Beatriz, la protagonista, Mónica, la mejor amiga de Beatriz, y Cat, la futura novia de Beatriz. ¿El tema? Simple. El amor, en este caso entre dos mujeres, o ¿quizás tres? Para saberlo, leedlo. No defrauda, impacta. No es bueno, es magnífico. Y te quedas con ganas de leer más. Por mí, el libro no se hubiese terminado nunca.
Ahí van las merecidas citas:
“No intentes enterrar el dolor: se extenderá a través de la tierra, bajo tus pies; se filtrará en el agua que hayas de beber y te envenenará la sangre. Las heridas se cierran, pero siempre quedan cicatrices más o menos visibles que volverána molestar cuando cambie el tiempo, recordándote en la piel su existencia, y con ella el golpe que las originó. Y el recuerdo del golpe afectará a decisiones futuras, creará miedos inútiles y tristezas arrastradas, y tú crecerás como una criatura apagada y cobarde.”
“Estas mismas palabras que repito las he leído en libros. Algunos se escribieron hace mil años, otros se publicaron hace dos. Porque al fin y al cabo todo lo que se escribe acaba por ser una nota a pie de página de algo escrito antes.”
“Todos nuestros actos, todos nuestros amores, son repeticiones de otros ya acaecidos y por eso siempre encontraremos en un libro la respuesta a alguna de nuestras preguntas. El problema radica en que no entenderemos nada de lo escrito en tanto no lo hayamos vivido de un modo u otro y me parece que yo ahora y sólo ahora empiezo a comprender frases leídas hace tiempo.”
“Flotó en aquel momento sobre mí el agobiante peso de los afectos exigentes. En la vida de cualquier persona se suceden casi siempre dos tragedias muy serias que ya he vivido: la falta de amor o el exceso de amor.”
“La carencia o el exceso venían a significar lo mismo: la huída del compromiso, o la renuncia.”
“En la oscuridad puedo colgar en las paredes de mi mente lienzos de colores, en la soledad puedo ver quién soy bajo la piel.”
“Todos somos inevitables, todos venimos de lo mismo, todos constituimos un milagro en nosotros mismos. Energía y moléculas es vida. Amor y frustración igual a celos.”
“-Y supongo -dije yo irónica- que la moraleja de la historia es que uno sólo se hace fuerte después de superar todo tipo de pruebas.
-Fuerte no. Fuertes lo eran ya la piedra y el hierro -afirmó ella categórica-. Flexible. Ahí radica la diferencia. No puedes sobrevivir si no lo eres.”
“La paz, a fin de cuentas. O el amor.”