Closto told me: “Ukey: Whatever our conclusion has been about life, remember: “love will find a way”. It’ll be true always.”
Y es que, ¿por qué la frase “love will find a way” se está convirtiendo en la frase más importante de mi vida estos últimos días?
El sábado hablaba con Andrew, en una de esas conversaciones que gracias a su ingenio, forma de ser y sabiduría puedo mantener siempre que quiera con él, en que he dejado de creer en algo que hasta hacia bien poco era casi mi “tenet”, es decir, mi filosofía. El amor. Sí, he dejado de creer en el amor. ¿Por qué? Porque me he dado cuenta de lo manipulable que es, de lo falso que resulta a veces, de lo absolutamente perdido, escondido y oculto que está en ciertas ocasiones. Mientras hablaba con él pensaba en lo que realmente era el amor, o lo que yo entendía por amor: complicidad, nerviosismo, locura, errores, felicidad, plenitud, deseo. Entre muchas otras cosas más. Cosas que yo he tenido y que he vivido, de una manera más o menos real, con total plenitud o con total represión, con mayor o menor acierto, con más o menos devoción.
Descubrir que aquello en lo que más has creído a lo largo de tu vida se modifica hasta el punto de romperse en mil pedazos es algo que cuesta digerir. He perdido la fé, he perdido la creencia de que el amor todo lo puede, de que hay un gran amor para cada persona, incluso de que “el amor de nuestra vida”, tan explotado en novelas y cine, exista de verdad. He creído amar y he amado. También han creído amarme y también me han dejado. Yo también lo he hecho. He vivido el amor que he podido y como lo he concevido y ahora ha llegado el momento de deshechar los cuentos de hadas y vivir en el mundo real.
El amor es traicionero y finito. Nada es para siempre. Nadie sobrevive al deseo o a ”empezar algo nuevo”, nadie rechaza el caramelo de sentirse importante y amado por otra persona, de dejarse amar, de amar a su vez, aunque sea por un corto período de tiempo. Mucha gente piensa “que me quiten lo bailaó”. Yo no era de esas ni voy a serlo. La gente es capaz de manipular el amor. ¿Cómo? Pues por ejemplo enamorando a una persona por una apuesta, y ganarla. ¿Por qué? Porque esa persona ha recibido lo que necesitaba, la persona de la apuesta ha cumplido con los deseos y necesidades de la otra persona y ha manipulado el amor. Osea, que el amor es eso: complementación, compensación. Una necesidad o instinto de supervivencia. Interés, al fin y al cabo.
Lo que yo entendía por amor, la idea que tras todos estos años se había formado en mi cabeza, en realidad no existe. I’ve been living in fairytales. I’ve been living in a lie. Andrew me decía que no era yo la que hablaba, pues nunca se hubiese esperado que alguien como yo le dijese lo que estaba saliendo por mi boca y que a grandes rasgos aquí he transcrito; pero es algo que comienza a establecerse en mi mente de una manera desbordante y peligrosa. No sé qué puede quedarme si pierdo el amor, si lo pierdo definitivamente.
¿Qué es lo que me ha llevado a pensar esto? ¿Una mala experiencia? ¿Varias? ¿Un enamoramiento loco y desesperado? No. Nada de eso. Lo que me ha llevado a pensarlo ha sido… Well, this is hard to explain… Digamos, por decirlo rápidamente, la caída de lo que yo contemplé y sentí como lo más real de mi vida. Me caí de la cama y el sueño salió volando.
Entiendo que el amor es necesidad, complicidad, devoción, locura, tranquilidad, delirio, camino, esfuerzo, sacrificio… En los libros, en las películas, en las fantasías y en los sueños. Porque, en el fondo, todos soñamos con lo mismo: nuestro príncipe azul, mi princesa azul en este caso. Pero cuando asomas la patita, ligeramente, a la realidad, la bofetada de la vida real te arranca del camino de nubes azules y pajaritos de colores.
You told me that “Love will find a way”. Right now, I am not that sure…