Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo?Fernando Pessoa .
Posted by ukey on +0000c31obeMon, 06 Oct 2008 20:59:46 +0000 9, 2006
“Ui, ¡qué bien sienta!” debió de pensar L. cuando los ojos de X. se posaron sobre los suyos. Y es que después de mucho tiempo, L. podía mirar a esa persona sin odio, sin rencores, con los ojos bien abiertos y la sed saciada. Durante mucho tiempo estuvo aferrada a un instinto que la había abandonado casi desde el primer instante en el que apareció: un paso en falso y su mundo se vino abajo cual pirámide de cartas. Y ahora que X. había pasado a su lado, con ese olor embriagador y que contiene en su interior los antiguos momentos contenidos en la memoria, sintió que la vida le daba un respiro y que el mundo no se tambaleaba, ni amenzaba con abrirse, bajo sus pies.
X. fue, en muchos más sentidos de los que L. nunca podrá llegar a imaginar, un punto y final, con parientes de punto y coma y de punto y seguido; una mezcla un tanto rara que, sin embargo, hizo las delicias de L. durante un corto, cortísimo, casi inexistente, período de tiempo.
Perder la cabeza, tan bonito que deslumbra, y alzarla en el momento adecuado, es lo que aprendió L.. Perder la cabeza y sentirla de nuevo sobre los hombros, con su pesada carga, pero sin sentirla como tosca y sobrante. Y aprendió también que recordar no tiene por qué ser doloroso, y que quien un día está en un pedestal, mañana puede estar arrugado cual papel, en el medio de la habitación, dispuesto a ser tirado a la papelera. Y es que si, Romeo dejó de amar a Rosaline, L. también podía olvidarse de X..
L. mira ahora por la ventana y hace un repaso de su vida. Lo que ha conseguido, a lo que quiere llegar, lo que significó X.. X. tiene la vista clavada en el techo blanco de su habitación, y piensa en su pasado, en los fallos que cometió, en la vida que junto a L. ya no le espera, y que tampoco está seguro de haber querido en algún momento. Pero hay algo que les reconcome a los dos: las palabras no dichas, el orgullo que no se tragó, los ojos que, por última y definitiva vez, no se dejaron ver gritando la verdad, sea cual fuere.
Posted by ukey on +0000c30obeTue, 30 Sep 2008 03:18:04 +0000 9, 2006
Y el temido momento por tantos se acerca, y llega, y nos come, y sólo quedan los huesos. Nuestro último septiembre, nuestro último comienzo de curso en la Universidad de Deusto, en la carrera de English Philology, tras un montón de dinero gastado (invertido quedaría mejor pero no es plan de engañaros, queridos lectores) y después de conocer a gente que merece la pena y que te alegran el día. El último año de carrera, tras penurias y no penurias, tras exámenes, trabajos y proyectos. Se acerca (para algunos, como yo, por fin) el final de una etapa, el final de un camino que no es más que el principio de otro, el comienzo de una nueva andadura que nos llevará a lo que por fin, más o menos, será nuestra vida.
El último año dejará atrás los primeros nervios en el primer día de clase de hace ya, cinco para mi, cuatro para el resto, años, el comienzo del odio a ciertos profesores y asignaturas (Teoría de la literatura, francés, lengua española) y los trabajos hechos a última hora para Aitor Ibarrola o los incomprensibles árboles de Grammar, la notación formal de Semántica o los acentos extraños en el inglés fuera de Inglaterra. Todo ello quedará lejos, y la responsabilidad, la madurez, el crecimiento, y cientos de miles de cosas más irán acercándose a pasos agigantados.
Aún quedan días de vacaciones, dos (vale, no son muchos), y para mí ya han acabado. Hoy he vuelto a la rutina después de un verano sin igual, sorprendente, maravilloso, y terriblemente corto. Mis alumnos favoritos (una tiene la suerte de repetir alumnos, los que son más de mi agrado para más inri) me esperaban con los brazos abiertos -y la sonrisa que ha dibujado mi cara al verles ha sido de fotografía- y con ganas -raro, ¿verdad?- de seguir aprendiendo el idioma que tanto amo y que me hizo estudiar la carrera que este año toca a su fin -y toco madera para que así sea-.
Se acaban y empiezan cosas, pero entre medias siempre quedarán los recuerdos y las amistades, algunas de por vida, que unas mismas aficiones, una misma vocación, o un mismo amor han unido. Se acaba la filología, pero nos espera la vida.
Posted by ukey on +0000c30obeTue, 23 Sep 2008 17:17:09 +0000 9, 2006
Antes de ponerme a narrar, en otro artículo, que este es nuestro último septiembre, que las cosas que nos han llevado cuatro años (en mi caso cinco) se acaban para dar paso a otras cosas, quiero recomendaros un libro que, pese a no haber terminado aún, ya me ha enganchado y enamorado.
Estudiando literatura inglesa he podido conocer a autores, poetas, escritores, ensayistas, que me han entusiasmado de la misma manera en que me entusiasma Shakespeare, Austen o Woolf. Entre ellos, y eso que sólo le echamos un corto vistazo, se encuentra William Blake. Y él es uno de los protagonistas del libro que os recomiendo hoy: “El maestro de la inocencia” de Tracy Chevalier.
La historia se desarrolla en Londres. Una familia, que intenta superar el pasado, se mueve a Londres para comenzar una nueva vida. Allí conocen una manera de vivir muy diferente al experimentado hasta entonces y los hijos de la familia, Maisie y Jem conocen, de la mano de Maggie, una nueva amiga londinense, al escritor, poeta y pintor William Blake. A partir de ahí la trama se desarrolla de una manera inesperada y filosófica.
El libro me ha enganchado por varios motivos: es una novela histórica, por lo cual se sustenta es verdades y en investigaciones llevadas a cabo por la autora del libro, quien ya escribió “La joven de la perla”, novela aclamada y llevada al cine, originada a partir de un cuadro de Vermeer; además se desarrolla en una Londres poco conocida incluso para mí, y las lecciones de vida que los jóvenes de la novela recibirán parten del gran escritor William Blake. Todo un homenaje a la cultura inglesa y a un autor que, no reconocido en su tiempo, es adorado ahora por miles de lectores como yo.
Y si compráis el libro en la FNAC os regalan un cd con la música del libro, ¡y merece la pena!
Posted by ukey on +0000c30obeSat, 06 Sep 2008 14:48:26 +0000 9, 2006
Bastan unos acordes para que los recuerdos inunden tu cabeza, y todo tu cuerpo. Ayer asistimos a un auténtico recital folk de música irlandesa, música de la de verdad, de aquella que los trovadores tocaban, cantaban y bailaban para los reyes en los castillos medievales, y que hacía que todo el mundo se pusiese en pie y bailase. The Chieftains nos regaló un concierto animado y espléndido. Música celta en estado puro, podría decir, y no describiría ni la mitad de lo que es, ni la mitad de lo que disfruté.
A mí cabeza volaron las mismas sintonías que ocupaban mi cabeza en mis estancias en Dublín, hará ya siete años. La música celta y todo lo que ello conlleva: recuerdos de las excursiones en las que descubríamos la auténtica esencia irlandesa; los cottages que tan frecuentes eran en el campo, el inglés que nadie entendía porque tienen su propia manera de pronunciar, dejando a un lado el acento británico que en algún momento podría haberse esperado de ellos; los acantilados de Galway, en la otra punta de Irlanda, tan majestuosos y solitarios; el mar abierto, la lucha de las olas por estrellarse primero contra rocas tan antiguas como el mundo; Glendalough y sus cementerios, su torre; Kilkenny y su castillo (del que me enamoré), la historia de los celtas a flor de piel, y el sentimiento de ser algo más que un país, y un pasado.
Todo ello voló de nuevo a mí cabeza para recordarme que en aquel país pasé muchos de los mejores momentos de mi vida, para recordarme que fue allí donde surgieron nuevos sentimientos, y una nueva adoración. Una nacionalidad propia, una mentalidad propia, una música que les distingue del resto del mundo y que les hace especiales. El tipo de música con la que se te olvida todo lo demás, incluso lo que no te gusta de un país.
The Chieftains rememoró momentos de felicidad, y me brindó una unión irrompible con la propietaria de un sentimiento mucho más arraigado que el mío, igual que el que yo siento por el país vecino. Si nunca habéis oído hablar de ellos, os los recomiendo. No podrás evitar que tus pies se muevan al son de la música. Geniales.
Posted by ukey on +0000c30obeMon, 01 Sep 2008 22:10:36 +0000 9, 2006
Desde el principio del verano vengo leyendo libros de misterio, intriga y asesinatos, y es que mi amada Agatha Christie me engachó al género de la manera más tonta con su magnífico “Asesinato en el Orient Express”, lectura recomendada para todo el mundo. Pero lo cierto es que no me gusta cualquier tipo de misterio ni por supuesto cualquier tipo de escritura.
Llevada un poco por la curiosidad y por las fervientes recomendaciones de un amigo (y en cuanto diga el autor sabréis a quién me refiero) me compré “Estudio en escarlata” de Sir Arthur Conan Doyle. No me gustó. Para mí el misterio ha de prevalecer hasta casi el final del libro, porque si te lo desvelan cuando aún quedan alrededor de 60 ó 70 páginas el libro pierde su gracia, y el drama toda la trama. No fue una decepción pero sí fue una especie de aviso. Sé qué no me va a gustar. Y aunque un libro de un escritor no debería servir ni para encumbrarle ni para mortificarle, lo cierto es que no me gusta perder el tiempo en lo que a lectura se refiere. Hay demasiados libros en el mundo y suficiente tengo con aceptar que no podré leer todos los que me gustaría leer. Selección, por tanto, ante todo.
Y gracias a unos rápidos vistazos por internet sobre la época victoriana inglesa (esa época que tanto me apasiona y de la que os hablaré en otro artículo) descubrí a una autora británica que basaba casi todas sus novelas en la época victoriana inglesa, y cuyas tramas estaban repletas de asesinatos, secretos (tantos y tan variados en aquellos tiempos de reglas y convenciones sociales), hipocresías y delitos, mezclado todo ello con los barrios más bajos de Londres como Whitechapel (más conocida por ser la zona en la que Jack el Destripador -Jack the Ripper- cometió sus asesinatos) y las zonas más prestigiosas y caras de Londres como Westminster o, incluso, Buckhingam Palace.
La autora se llama Anne Perry, y sus novelas merecen la pena. Nada se descubre hasta las últimas páginas, como ocurre con Agatha Christie -autora de la que Perry aprendió, principalmente-, y la intriga está asegurada. Además, todo lo que en las novelas está escrito es un fiel retrato de la época, cada detalle está cuidado al máximo, y te ofrece la oportunidad de conocer una parte de esa sociedad londinense, tan perjudicial y glamurosa, que no se encuentra en los libros de texto.
Posted by ukey on +0000c31obeWed, 27 Aug 2008 05:38:21 +0000 9, 2006
Existen muchos tipos de dolores. Cuando te rompes un brazo, una pierna, cuando te haces una brecha, cuando te pisan fuerte el pie, cuando te dejan, cuando tienes dolor de cabeza, dolor menstrual, cuando te das un golpe en el dedo pequeño del dedo del pie con la pata de la cama, o cuando te caes por unas escaleras tras un resbalón provocado por el agua de la lluvia en tus zapatillas. Entre otros muchos tipos de dolores que a todos nos quedan por experimentar.
Son las 06.27 de la madrugada, y servidora se encuentra frente al ordenador, teniendo que ir a trabajar a las nueve y tras haber dormido cuatro horas, debido a un fuerte, intenso y horrible dolor en la boca, a causa de una estupenda muela del juicio que quiere salir y que me está destrozando la encía -la rompe para salir- y el alma. Ayer me desperté del dolor y desperté a la persona que dormía a mi lado porque no podía más. Un ibuprofeno a las seis de la mañana, helado para dormir la zona y muchos mimos me sirvieron para poder dormir del tirón hasta las doce. Un día después de aquello me he dormido a la una, de cansancio, y me he despertado a las cinco menos diez del puñetero dolor que no me ha dejado en paz durante todo el día, y llorando, porque el dolor tornaba a ser más agudo por momentos. Me había tomado al acostarme un ibuprofeno, me he tomado media pastilla más y me sigue doliendo, aunque no con la misma intensidad que antes.
Lo cierto es que quiero matarme por momentos. Así de claro. No quiero ir al dentista. Llevo una hora informándome en internet sobre las muelas del juicio y leyendo experiencias de la gente a la que les han sido extraídas, y como en la vida, hay de todo. Pero el recuerdo que tengo del cabrón de mi dentista cuando me empastó dos muelas de pequeña me hace odiar a los odontólogos y a las madres que los parió. Sé que sería lo mejor, pero prefiero esperar unos días para ver si el dolor remite, porque las agujas, el sonidito de las dichosas herramientas y el olor de la consulta me hechan más para atrás que una tropa de chinos tarareando el himno de España.
Lo que más miedo me da es que el próximo post de este blog trate de mi extracción de muela.
Y, encima, tengo que estudiar.
Posted by ukey on +0000c31obeThu, 14 Aug 2008 17:55:57 +0000 9, 2006
Hay pocas películas, ciertamente muy pocas, que lleguen actualmente al alma como lo consigue esta. Y hay menos películas aún que lleguen al alma cuando no hay diálogo al que agarrarse o escenas demoledoras en las que perderse. Pero Pixar, junto con Disney, ha conseguido lo que creía que era imposible: hacer una película digna de mención, alabanzas y de la que hacerte fan y hablarle a todo el mundo.
Wall-E es perfecta, maravillosa, original, tierna, duelce, divertida, y una de las mejores historias de amor que he visto en toda mi vida. El bichito es adorable y te causa tanta ternura que te dan ganas de llorar y de achucharlo para toda la vida. Hacía mucho tiempo que no me emocionaba tanto una película de animación, y en general, una película cualquiera.
Además, Wall-E es una crítica feroz al consumismo y al modo que tenemos de vivir actualmente. Lejos de ser simplemente una gran obra de originalidad, ordenador y efectos especiales, es una crítica para hacer pensar a niños y a adultos sobre nuestro temible y terrible modo de vida. Y si buscan conseguirlo con personajes tan encantadores como Wall-E, no me queda duda de que lo consiguen.
La recomiendo, ferviente y locamente. No hay más que ver a Wall-E para entender que esta película encierra una magia que es difícil de explicar con palabras, pero que es fácil de entender con los ojos. No te pasará por alto. No podrás no adorar al bichito basurero.