Se acabó lo que se daba. Se ha acabado lo bueno y comienza una etapa incierta. No quiero un tono melancólico pues no es lo más conveniente. Deberíamos estar contentos por acabar, porque lo hemos conseguido, porque ahora se nos abre un mundo de oportunidades que debemos aprender a aprovechar. No debemos echar la vista más hacia atrás pues no nos hará ningún bien. Lo que hayamos hecho, hecho está, y yo, en particular, no me arrepiento absolutamente de nada. La de veces que me he equivocado, la de veces que he acertado, la de veces que he estado convencida de algo, la de veces que he deseado hacer cosas que no he hecho. Pero todo esto se acabó. Me ha costado aceptarlo, como me ha costado aceptar otras cosas a lo largo de este curso, incluso ahora. Todo lo que ahora mismo pueda escribir aquí se va a quedar en palabras absurdas que nada significarán dentro de un año, de dos o de tres. Y no me importa, ya no. Lo que estoy viviendo ahora es mucho más importante que lo que pueda pasar dentro de X años. Mis decisiones, mi futuro, penden del hilo que yo misma he de tejer, y estoy ansiosa por hacerlo, si os soy sincera.
De todo este año me quedo con la gente que me ha apoyado, que me ha hecho reír, que me ha abierto los ojos, que me ha espabilado cuando más necesitaba un empujón, o una colleja. Me quedo con Arrate, con Iraide, con Amaya, con Janire, con Andrei, con Luis, con Aizeti. Me quedo con los mejores de una clase que no es lo que debiera ser y donde, desde luego, falta gente. Y me quedo también con los recuerdos de segundo curso, con las risas de las cenas, con la provocación por parte de ciertos profesores, y con el duro trabajo que todos, sin excepción, hemos tenido que realizar. Ahora es cuando viene la parte melancólica. Me quedo, a su vez, con ganas de más, y con ganas de otras cosas: de hablar sin parar hasta que se nos secase la boca, de reírnos, de compartir cosas que sólo entre nosotras podíamos compartir, de un sin fín de deseos que se quedaron en eso, en bonitas cosas sobre las que pensar.
Se acabó. C’est fini. C’est tout. The end. Pero es sólo el final de una etapa, porque pienso teneros a todos los mencionados arriba en esta nueva que se nos abre, que se nos brinda. Me voy feliz y triste, sonriente y llorosa, expectante y ahogada, con ganas y sin ellas, y con un cumpleaños que promete por delante.
He de dar las gracias por último a esa gente que desinteresadamente me ha ayudado: Arrate, Iraide, Amaya, Andrei, Luis, sois los mejores. Gracias por escucharme, por aguantarme, por hacerme, en definitiva, la vida más fácil. A ti también, sabes por qué. Esto no es un adiós sino un “hasta ahora”, que es mucho más bonito. No ha sido el curso que debiera haber sido, pero ha sido un buen curso.
¡Gracias, compis!







