Se acerca. El fin de año se acerca y de qué manera. Y si el año pasado hice mi repaso del año, este año no va a ser menos. Aunque nadie lo lea. Ja! Parece mentira que haya pasado ya un año…
Enero: un mes difícil. Que me trajese el nuevo año no me dio ánimos. Todo siguió igual, incluso a veces peor. No fue un buen mes, no.
Febrero: más de lo mismo. Existieron conversaciones interesantes que me abrieron los ojos ante la imagen que tenía de ciertas personas, y eso me salvó un poco. La dicha era buena.
Marzo: segundo viaje a Londres y la rendición ante lo evidente. El comienzo de dos finales, uno de los cuales era tremendamente esperado.
Abril: aguas mil. El aniversario del principio, y la defunción. Adiós muy buenas. Mensajes fuera. Comentarios fuera. Nuevos abrazos y la sonrisa del que sabe todo ha pasado. “Ya era hora”, me dijiste. Sí, lo era.
Mayo: conversaciones interesantes con una persona interesante. Conocí a Eli, nos fuimos a Santander y hablamos de la vida, y sobre todo hablamos del amor. ¿Verdad? Quién nos lo diría. Ai, mayo, mes de las flores, y de la vida. Una vez me dijeron que siempre había nuevas primeras veces. Y era verdad. Conocí a Inge, mi espada y mi fuerte, mi salvación, y hasta hoy el amor sigue haciendo milagros. El mes de mi resurrección, en todos los aspectos posibles.
Junio: fin del trabajo y comienzo de exámenes y vacaciones. Tercer viaje a Londres, con la mejor compañía posible. Sí, sí. Londres fue, por fin, mi casa. Como lo es hoy en día, y como lo será siempre. En Londres se ha quedado parte de mi alma.
Julio: summer English camps con niños de cinco años durante ocho horas diarias, dos semanas intensivas. Agotamiento, y libertad. Dinerito para todo el verano, un verano completo por disfrutar. Mi cumpleaños: magnífico. Mi vida: inmejorable.
Agosto: disfrute puro y duro. No hay más.
Septiembre: examen de gramática y de semántica. Oh sí! Aprobados los dos. Todo tercero aprobado. Y a por cuarto. El último. Oh sí!
Octubre: reencuentros, conversaciones, recuerdos, muchos recuerdos. Un mes entrañable. Comienza el trabajo con los niños de nuevo, este año un poco más relajado que hay que licenciarse.
Noviembre: tranquilidad ante los recuerdos, asentamientos y asentimientos. Risas, sobre todo el día de la orla, que nunca olvidaré.
Diciembre: rayando los últimos días y disfrutándolos como tales, sonrío ante el año y escribo su impresión en mí, con la misma huella imborrable que el 2007 dejó en mi vida y en mi memoria. Y a este mes, a este año, le pido que todo siga igual, igual de bien, igual de nuevo.
Que el amor, lo más maravilloso del mundo junto con el conocimiento y los libros, que irremediablemente lo son, os llegue a todos. Seguro que no os merecéis menos.











