Just Me

“Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir” J. L. Borges

Archive for October, 2008

the world in a grain of sand (part II)

Posted by ukey on +00002008-10-18T16:57:53+00:00312008bUTCSat, 18 Oct 2008 16:57:53 +0000 9, 2006

L., hace poco escribió en su diario que echaba de menos a X.. Pero no en la forma tradicional de echar de menos: lo que echaba de menos eran las conversaciones, su inteligencia, su devoción al arte, a la escapada. Lo desconocido. No echaba de menos su presencia, su olor, sus manos, sus besos: todo eso lo repudiaba y rechazaba. Tenía nostalgia de una buena frase detrás de otra, de los silencios que marcaban la conversación y que ambos dos utilizaban para pensar, para estructurar su discurso, para ganar inconscientemente al otro. Melancolía de compartir la opinión sobre una película, sobre el descubrimiento de un nuevo libro, sobre un cuadro colgado en no sé qué museo de no sé qué parte del mundo. Lo importante era la esencia, lo que se decía, lo que se inventaba sobre la marcha para encandilar al otro.

Y de la misma manera que los besos, las caricias, las lloreras, las risas y todos los momentos habidos y por haber se habían ido, de exáctamente igual manera se habían ido esas conversaciones inteligentes que, en vez de separarles, les unía hasta el infinito. Y es que L. se sentía alguien en los brazos de aquellas palabras, y es que X. adoraba escucharla y ser escuchado por ella. X. también lo echaba de menos, y sin embargo nunca lo reconocería. L. sólo lo hace de cara a su diario, a sus pensamientos, que desearía llegasen a X., pues sabe que X. encontraría respuesta a todas sus preguntas.

Lo que se pierde, se pierde, decían en una película en la que el argumento más importante eran también las palabras. Lo perdido, perdido está. Y nunca más volverá. Aunque nunca se sabe, piensa este narrador. Nunca se sabe el rumbo que van a tomar las palabras una vez son libres.

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second, and counting…

Posted by ukey on +00002008-10-09T21:49:48+00:00312008bUTCThu, 09 Oct 2008 21:49:48 +0000 9, 2006

Le damos tiempo al tiempo, y tiempo que tiene ya este blog. 2 años, ni más ni menos, que cumple hoy. Dos años en los cuales ha pasado prácticamente de todo: dos años de universidad en la que he conocido a gente ante la que me quito el sombrero y también a gente que me ha reafirmado en mi opinión sobre diversos temas. He conocido amigos para siempre, y he entrevisto la eternidad, sí, la eternidad. Dos años durante los cuales he amado, llorado, reído, dejado de amar, olvidado, fotografiado más que nunca, escrito más que nunca, y compartido también. Porque tener un blog es necesidad de compartir una parte de nuestra vida, necesidad de alterar, aunque únicamente se consiga en una página web entre todas las del mundo, la simpleza y rutina que muchas veces envuelve nuestras vidas.

Y durante todo este tiempo, distintas personas se han ido sumando a comentar y visitar este blog. Personas que han dejado dulces, atrevidos, y diversos comentarios. Comentarios que, cuando alguna vez releo, me transportan a ese momento justo, con unas circunstancias muy particulares, y me traen de vuelta los recuerdos, y yo sonrío. Es por eso que debo dar las gracias, en general y en particular, a toda aquella persona que ha dedicado unos segundos o minutos a visitar este blog, comentarlo, y hacerle vivir. Porque si vosotros no estáis, el blog no existiría, no respiraría.

Y como siempre hay que empezar desde el principio, comencemos por el mismo:

Andrew e Iraide: fuisteis de los primeros en comentar en este blog. Tú, Andrew, porque nos conocimos en una mañana de septiembre en la universidad; tú, Iraide, porque nos conocemos desde que somos unos mocos, esperando en la parada del autobús pra ir al cole, porque nuestros padres se conocen, y porque un vínculo tenemos en común. Habéis dado a este blog un toque distinto: tú Andrew, muchas veces, sexual e irónico; tú Iraide literario y poético. A ambos os agradezco, con la mano en el corazón, los comentarios, las visitas, el aprendizaje. Además, Andrew, estuviste en mis peores momentos, cuando peor estaba y cuando me convertí en un ser tan pesado. Aguantaste mis lágrimas y me levantaste del lodo. Es algo que nunca podré agradecerte lo suficiente.

Luis: el blog te echa de menos. Gracias por haber comentado en él cuando, muy posiblemente, más lo necesitaba, porque cuando necesitaba leer palabras de apoyo, de aliento, ahí estaban tus comentarios, haciendo las delicias de todo aquel que las leyera. Hemos compartido mucho, y lo que nos queda. Rock on!

Nat: tu llegada fue novedosa y certera. Tus palabras, dentro y fuera de este blog, fueron una especie de aire fresco. Me has aconsejado y me has dicho las verdades sin miramientos, me has acercado y abierto los ojos a mis obsesiones, a mis palabras, a lo que en parte soy y aquí se muestra. Nos queda mucho por hablar. Ya sabes, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Arrate: la literatura, el cine y las bromas han hecho que nos uniéramos y conociéramos. Y estoy tan contenta que no quepo en mí de gozo. Gracias por traer otro aire a este blog cuando lo has comentado, y gracias, de nuevo, por actualizar tu blog y hacerme caso; tu blog lo merece.

Yuha: amorcito, eres un sol que iluminó mi vida y que me trajo nuevos horizontes, cargados de ilusión. Un día bastó para que todo cambiara y cómo me alegro de que así fuera. Sin Censura fue un párrafo nuevo, el premio de Arcópoli fue, ahora te lo revelo, un final de algo, y el comienzo de otro. Escribir aquello me sirvió para cerrar página y coger otro libro. Y no hubiese sido posible sin tus ánimos y empujones de amigo. Te adoro, sí.

Inge: el soplo de aire fresco, el libro más preciado, la literatura más bella y el sueño de una vida. Este blog tiene mucho de ti. Todo lo demás, ya lo conoces. Te adoro, y más que te adoro… (beso).

Me quedan personas, gente que podría nombrar pero cuya lista no acabaría, y gente a la que sólo puedo pensar, y no nombrar. A todos vosotros, a los que quedáis, a los que una vez estuvísteis y particpásteis, a los que alguna vez cambiaron el rumbo o el sentido de este blog, gracias, un gracias enorme e infinito. De corazón.

Mi blog, mi pequeño hijo, un pequeño tesoro que adoro y quiero, cumple dos años. Aún es un bebé que ha de desarrollarse fuerte y sano. Gracias por alimentarlo, de manera gratuíta y generosa. And this is just the beginning!

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the world in a grain of sand

Posted by ukey on +00002008-10-06T20:59:46+00:00312008bUTCMon, 06 Oct 2008 20:59:46 +0000 9, 2006

“Ui, ¡qué bien sienta!” debió de pensar L. cuando los ojos de X. se posaron sobre los suyos. Y es que después de mucho tiempo, L. podía mirar a esa persona sin odio, sin rencores, con los ojos bien abiertos y la sed saciada. Durante mucho tiempo estuvo aferrada a un instinto que la había abandonado casi desde el primer instante en el que apareció: un paso en falso y su mundo se vino abajo cual pirámide de cartas. Y ahora que X. había pasado a su lado, con ese olor embriagador y que contiene en su interior los antiguos momentos contenidos en la memoria, sintió que la vida le daba un respiro y que el mundo no se tambaleaba, ni amenzaba con abrirse, bajo sus pies.

X. fue, en muchos más sentidos de los que L. nunca podrá llegar a imaginar, un punto y final, con parientes de punto y coma y de punto y seguido; una mezcla un tanto rara que, sin embargo, hizo las delicias de L. durante un corto, cortísimo, casi inexistente, período de tiempo.

Perder la cabeza, tan bonito que deslumbra, y alzarla en el momento adecuado, es lo que aprendió L.. Perder la cabeza y sentirla de nuevo sobre los hombros, con su pesada carga, pero sin sentirla como tosca y sobrante. Y aprendió también que recordar no tiene por qué ser doloroso, y que quien un día está en un pedestal, mañana puede estar arrugado cual papel, en el medio de la habitación, dispuesto a ser tirado a la papelera. Y es que si, Romeo dejó de amar a Rosaline, L. también podía olvidarse de X..

L. mira ahora por la ventana y hace un repaso de su vida. Lo que ha conseguido, a lo que quiere llegar, lo que significó X.. X. tiene la vista clavada en el techo blanco de su habitación, y piensa en su pasado, en los fallos que cometió, en la vida que junto a L. ya no le espera, y que tampoco está seguro de haber querido en algún momento. Pero hay algo que les reconcome a los dos: las palabras no dichas, el orgullo que no se tragó, los ojos que, por última y definitiva vez, no se dejaron ver gritando la verdad, sea cual fuere.

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