Y el temido momento por tantos se acerca, y llega, y nos come, y sólo quedan los huesos. Nuestro último septiembre, nuestro último comienzo de curso en la Universidad de Deusto, en la carrera de English Philology, tras un montón de dinero gastado (invertido quedaría mejor pero no es plan de engañaros, queridos lectores) y después de conocer a gente que merece la pena y que te alegran el día. El último año de carrera, tras penurias y no penurias, tras exámenes, trabajos y proyectos. Se acerca (para algunos, como yo, por fin) el final de una etapa, el final de un camino que no es más que el principio de otro, el comienzo de una nueva andadura que nos llevará a lo que por fin, más o menos, será nuestra vida.
El último año dejará atrás los primeros nervios en el primer día de clase de hace ya, cinco para mi, cuatro para el resto, años, el comienzo del odio a ciertos profesores y asignaturas (Teoría de la literatura, francés, lengua española) y los trabajos hechos a última hora para Aitor Ibarrola o los incomprensibles árboles de Grammar, la notación formal de Semántica o los acentos extraños en el inglés fuera de Inglaterra. Todo ello quedará lejos, y la responsabilidad, la madurez, el crecimiento, y cientos de miles de cosas más irán acercándose a pasos agigantados.
Aún quedan días de vacaciones, dos (vale, no son muchos), y para mí ya han acabado. Hoy he vuelto a la rutina después de un verano sin igual, sorprendente, maravilloso, y terriblemente corto. Mis alumnos favoritos (una tiene la suerte de repetir alumnos, los que son más de mi agrado para más inri) me esperaban con los brazos abiertos -y la sonrisa que ha dibujado mi cara al verles ha sido de fotografía- y con ganas -raro, ¿verdad?- de seguir aprendiendo el idioma que tanto amo y que me hizo estudiar la carrera que este año toca a su fin -y toco madera para que así sea-.
Se acaban y empiezan cosas, pero entre medias siempre quedarán los recuerdos y las amistades, algunas de por vida, que unas mismas aficiones, una misma vocación, o un mismo amor han unido. Se acaba la filología, pero nos espera la vida.







