SONY DSC

Voy a buscar las palabras necesarias, me digo, para escribir la última entrada de este año. Un año en el que pensaba hacer tantas cosas como deseos tenía, y que ha terminado por ser el año en el que ganar y perder es un fino hilo que une dos precipicios. Y me he dado cuenta que:

1. El mundo sigue girando, como la literatura. La gente se suicida, la gente mata, la gente desaparece, huye, muere. También he descubierto que hay gente que vive. Con esa me quedo. No quiero ser aún Sexton, no quiero elegir la muerte antes que la vida. Hoy decido vivir.

2. La literatura me hace más fuerte, me hace ser quien soy. He leído y he desleído, he creído y he descreído. Y he amado mucho los libros que me han hecho vibrar. Unos cuantos títulos: “Indigno de ser humano”, de Dazai; “Una oración por Katerina Horovitzová”, de Luztig; “El alcohol y la nostalgia”, de Énard; “Vida de un idiota”, de Akutagawa; “Los años”, de Virginia Woolf; los poemas de Anne Sexton, la poesía de Alejandra Pizarnik y de Princesa Inca, la literatura de Juan Gracia Armendáriz; “La tumba del tejedor”, de Seamus O’Kelly; “Hace cuarenta años”, de Rysselberghe; “La palabra heredada”, de Welty; la poesía de Francisca Aguirre y de Emily Dickinson; las cartas de Rilke y Pasternak y Tsvietáieva; Erri de Luca, Pilar Adón, Alejandro Palomas. Y tantos, tantísimos otros.

3. He conocido a personas, con nombres y apellidos, color de ojos y manos suaves, que me han salvado la vida: Alejandro, mi Alejandro, mi poeta y mi escritor; Adolfo, mi librero, también poeta; Pilar, esa Virginia que ha de explosionar pronto. Ellos son mis pilares esenciales, y os quiero, malditos, os quiero mucho.

También he conocido a personas que plagan mi vida de momentos felices, efímeros pero salvajes. Algunos vienen acompañados de libros y otras lo hace acompañadas de tizas y fiestas que nunca quiero que terminen. Todos ellos son imprescindibles para mí. He descubierto que os necesito, me descubro vulnerable ante vosotros.

4. Fusa, Inge, Verónica, Ignacio, Elena, Pedro, graniteros y graniteras: mi sueño continúa gracias a vosotros. Vosotros me ayudáis a que el mundo de G&R siga adelante con la cabeza bien alta. A lo feo le ponéis letras bonitas y tú, Inge, haces de lo ya hermoso algo extraordinario. Sin vosotros no podría existir, sin vosotros y sin vuestra presencia yo no soy nada. Fusa, que esto no deje de girar nunca; ni lo público ni lo privado. Inge: sigue siempre adelante porque tienes un camino que recorrer que te va a traer muchas alegrías; sólo puedo darte las gracias por todo y por tanto, por los silencios, las esperas, la paciencia, el arte, el cariño, todo. Elena: todo va a salir bien, estoy segura. Ignacio: escribe. Verónica: qué gran descubrimiento, qué maravilla de persona eres. Pedro: ojalá sigas en G&R muchísimos años más, porque sin ti esta revista estaría coja, manca, sorda y muda. A todos los demás: un gracias se queda pequeño, pero es un gracias eterno e infinito.

5. Lo que me llevo de este 2012 son las amistades, los descubrimientos, las ganas, las noches en vela, la piel quemada, los echar de menos, los querer. También los besos que he dado, los que no he dado, los que aún están por dar.

6. Me llevo a Idoia, a Janire; me llevo a Ohiane y me llevo un pueblo a las espaldas; me llevo fotogramas donde aún resuenan risas y felicidad; me llevo momentos inolvidables en distintas ciudades igual de inolvidables: Londres, Barcelona, Madrid. Quién me lo iba a decir.

7. Me llevo un 14 en la sangre, en las entrañas, en los huesos, en los músculos, en las ganas, en la lengua y en el alma; en el corazón; me llevo toda una historia por escribirte, toda una persona a la que escribir. Me llevo una vivencia especial e indescriptible, una felicidad inmensa que no esperaba que me arrasase la vida. Me llevo esta querencia y necesidad de más días a la sombra de un sueño.

Gracias a los libros y a las personas que me permiten estar a su lado soy quien soy. He descubierto que soy mucho más cuando me dejo ser frente a los demás, cuando el miedo abandona mi cuerpo y me permite disfrutar de pequeños fragmentos de vida que se posan en mis huesos como pequeños búhos recién nacidos. Pero me ha costado mucho llegar hasta ese punto. Demasiado. Ante mí se abre un 2013 en el que sólo deseo felicidad para los míos, literatura, amigos y, por qué no, un sueño que se haga realidad.

Y ese faro, al ladito del mar.

A veces escucho canciones que se convierten en bucles. Se mezclan con mis silencios, con pensamientos que vagabundean hasta que les presto atención, y se convierten en bandas sonoras de penas y de ausencias, y de miles de cosas más que no soy capaz de explicar. A veces son las citas rescatadas de un libro que no he querido olvidar, y otras veces son las frases aniquiladoras de libros que me han hecho trizas. A veces no es más que querer descubrir de qué hablan sus silencios, mis silencios. A veces también es querer volver atrás, volver a caminar viejas sensaciones, viejos pasillos blanquecinos. Este verano es una suerte de melancolías mezcladas con calores infernales. Hoy llueve y me sorprendo, y miro las gotas de agua como si en ellas fuese a encontrar respuestas a estas preguntas que vociferan mis huesos. Mis entrañas, de tan usadas, están agotadas, agazapadas, lejos de mí, en escondites infames para que no les dé caza. Mi cuerpo me es esquivo en este verano extraño. Incapaz de concentrarme más de diez minutos, incapaz de hilar sin perder la madeja de lana entre la cama y el sofá, que arden bajo el peso de mi piel, que también arde y que, de tanto arder, es ya ceniza incolora. A veces es no saber si hay salvación o, lo que es peor, no saber si la quieres. Hoy siento el frío en este saco de huesos que sólo responderían a una llamada.

Han pasado tantos años y aún vuelvo a ver su rostro, un rostro que he buscado en otras mujeres y que nunca he encontrado. Era tan íntegra. Algo peligroso. Nunca tuve la simplicidad de decírselo, ni de confesarle mi admiración, ya que desde el primer día sentí, a pesar de cierta inferioridad con respecto a ella, que antes de relacionarnos debíamos superar ciertas fases. Como en una batalla. Y debía conquistarla. Todo era tan elevado y tenso, se sopesaban las palabras, el tono, la manera, era necesario cierto ejercicio mental. Me pregunto si, después de algunas semanas, en vez de hablar hubiéramos empezado a abrazarnos. Hubiera sido impensable. Nunca nos dimos la mano. Lo hubiéramos encontrado ridículo. Por los senderos se veían muchachas que iban de la mano y reían, ‘hacían de amigas’, hacían de amantes. En nosotras había una especie de fanatismo que impedía toda efusión física.
Los hermosos años del castigo. Fleur Jaeggy. (Tusquets)

Empiezo a escribir, de madrugada, un libro nuevo. Una historia que sigue a la primera, que va de la mano con ella. Una historia personal donde desnudarme.

Leo poemas, también de madrugada, de Ted Hughes. Con 26, horas antes, le había escrito una carta. Leo un libro sobre Sylvia y él, que acaban de mandarme en un email. Y me doy cuenta que nunca seré capaz de escribir un poema. ¿Y una historia que me importe?

En mi casa cocinan nuestra comida. Mis padres se levantan al verme y me felicitan. Veo lágrimas en los ojos de mi madre. Mi ama. Amor.

Busco a la cartera de Correos que ha de traerme cuatro libros de Inglaterra. Creo que llegan hoy. Eso se hace con 27 recién cumplidos, pienso: esperar libros ingleses escritos en inglés editados por un inglés cuyo apellido me hace temblar y llorar de emoción.

Con 27 ocurre que se muere una de las mejores editoras que ha tenido España: Esther Tusquets. El año pasado, al cumplir 26, se moría en Londres Amy Winehouse. Este año le ha tocado a Tusquets. ¿Quién será el año que viene?

Recuerdo que he soñado que me cortaban el pelo sin mi permiso, muy muy corto, estilo Pilar Adón. Hoy me acuerdo de Pilar y de lo bien que escribe. Los 27 son para escribir sin parar, pienso.

Volver a la librería en la que se encuentra una de las mejores libreras que conozco y comprarme “Mi madre y la música”, de Marina Tsvietáieva y que te regalen la galerada de un libro que esperabas con ansias, de un autor recién descubierto. Sentir que la amistad es ya un hecho, y que ahora queda todo un camino por andar. Sonriendo, eso sí.

Caminar por una ciudad del norte soleada, caldeada, y no sentir el infierno bajo los pies. Sentir, en cambio, la paz que da una madurez en el carnet de identidad. Sentir la tranquilidad, a su vez, de saber que mañana emprenderé un viaje que me lleva a mi brazo derecho y a una vieja amiga que necesita palabras.

Publicar el nuevo número de Granite & Rainbow y sentirme orgullosa por haber logrado que alguien nos lea. Sonreír porque va a ser verdad que los sueños se hacen realidad.

Contemplar a la gente del metro y saber que se vacían en cada estación, esperando llenarse con el abrir de puertas. Saber, además, que no me vacío ni ma drago. No, ya no. Saber que estoy llena porque me hacen sentir feliz. Estoy rodeada de gente que merece amor y respeto. Mucho más de lo que tuve en ninguna otra época de mi vida.

Recibir, finalmente, los cuatro libros de los que hablaba más arriba. Sentirme absolutamente feliz con las coincidencias de la vida. Olerlos, tocarlos, prendarme de ellos para siempre, antes incluso de leerlos. Una carcajada que se me escapa. Saber que las cosas están encaminadas por unas semanas. Paz. Una paz ansiada después de arder. Una paz ansiada después del echar de menos, de la angustia, de la deriva. Adiós, humo.

Comer una tarta de chocolate y nata en la casa donde amistad y amor son todo uno. Saber que tengo puntos de apoyo, hombros donde reclimarme.

Esto es lo que ocurre al cumplir 27: un torbellino de vida, veintisiete pájaros que no luchan entre sí sino que bailan; se posan en mis pies, en mis brazos, en mis hombros, en mi nariz, y pían. No hablan en griego ni en latín; tampoco en inglés o en italiano. El francés lo desconocen. Hablan en un idioma que sólo yo entiendo y que me hace sonreír. me hacen cosquillas, un revoloteo de plumas gráciles y coloridas que quitan hierro a lo imposible y desenmascaran de lo que va la vida en realidad. Y me dicen: letras, palabras, frases, párrafos, páginas, diálogos, novelas. Los pájaros de mi literatura.

De esto tratan los 27: ahuyentar a la muerte ahogándome en la vida.

 

 

 

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 302 other followers