Hoy me he terminado Ese amor, escrito por Yann Andréa, último amante de Marguerite Duras, escritora a la que le tengo un cariño especial, pues me llenó de gozo con “Emily L.” y me dejó sin saber qué hacer con “El amor”.
El libro es una canción de amor escrita al más puro estilo Duras. Él se pasó 16 años escribiendo lo que ella le dictaba, e irremediablemente algo muy profundo, muy de Duras, ha quedado en él para siempre. No sólo los recuerdos o el amor, sino la forma de escribir, el por qué de escribir, la razón de toda esa locura.
Es una carta de amor, sacada desde lo más profundo del alma, en la que se descubre un amor tormentoso, íntimo, siempre reconciliable. Siempre volvían el uno al otro. Ella tenía 65 años, él tenía 27. Y qué más daba. El timbre sonó y la puerta quedó abierta para ellos dos. Todo lo demás, las explicaciones, los rumores, el tormento, quedan aplacados por las palabras que se dedicaron, en los libros, en las caricias dadas, en la sinrazón de quedarse y aguantar, tiránicamente.
La inteligencia de Duras y su vida dedicada a lo que mejor sabía hacer, la literatura, quedan plasmadas en cada palabra, que es un homenaje, a Duras, a Yann, al amor, los libros, las historias, la vida. Al recuerdo perenne de un hombre que tuvo que aprender el 3 de marzo de 1996 a vivir sin Marguerite.
Recojo aquí algunas frases del libro:
“Intento amarla más. Más aún. Nunca es bastante. Y todos esos libros escritos por usted, ese Nombre de Duras, ¿qué es? Historias de amor. La historia de alguien que dice: amar. El amor. La dejo que lo haga. Ahora estoy libre de eso. También de esta promesa de escribir por fin el buen libro, el libro verdadero que hace que escribamos durante toda una vida. La amo mientras intento empezar otro libro. Así no estamos separados. Together, es ésa su palabra, ¿no? Juntos. Sí. And without you. Con y sin usted. Exactly.”
“No lo comprendo muy bien, pero ya que usted lo dice, ya que usted me lo dicta, ya que lo tecleo en la máquina de escribir, todo eso, todas esas mentiras, toda esa historia. Pero menuda historia, dígame, para caerse de sueño, como usted dice, pues bien, todo eso, en conjunto, todo ese barullo que es la vida, que son libros, que somos usted y yo, todo eso existe, es cierto. Creemos en ello. Nos implicamos. Lo hacemos. Todo. El amor y los libros. Y todo lo demás. Hasta el final. Hasta ahora, hoy eso continúa, porque estoy escribiéndole a usted, lo hago, sí, escribo. Usted dice: Yann, sólo puede hacer una cosa: escriba. Lo hago. I do it.”